Suicidio asistido
El suicidio asistido por médicos ocurre cuando un médico proporciona los medios para ocasionar la muerte, generalmente una prescripción de una cantidad letal de medicamento que el paciente toma por sí solo. En la eutanasia, el médico directa e intencionalmente administra una sustancia para ocasionar la muerte. Los temores a que se imponga un tratamiento de sustento de la vida no deseado continúan motivando a algunos pacientes a solicitar el suicidio asistido o la eutanasia. Sin embargo, tanto los médicos como los pacientes deben distinguir la decisión por parte de los pacientes o sus representantes autorizados de rechazar el tratamiento que sustenta la vida o la muerte inadvertida que ocurra durante un intento de aliviar el sufrimiento, del suicidio asistido por el médico y la eutanasia. Existen gravísimas objeciones morales que prohíben en conciencia al médico la práctica del suicidio asistido. Y en la mayoría de países existen leyes que prohíben y penalizan su práctica. Pero todo ello no impide que el médico decida no efectuar un tratamiento determinado o retirarlo en situaciones que se juzgan contrarias al bien del enfermo. Todos estos actos deben considerarse dentro del contexto más amplio de la atención adecuada en los momentos cercanos a la muerte. Muchos pacientes que solicitan el suicidio asistido están deprimidos, sufren de dolor descontrolado o de sufrimiento o temores potencialmente reversibles. En el marco de ofrecer comodidad a una persona agonizante, la mayoría de los médicos y pacientes debieran poder hablar sobre estos asuntos. Por ejemplo, en lo que concierne al control del dolor, el médico podría aumentar el medicamento adecuadamente para aliviar el dolor, incluso si esto inadvertidamente acortaría la vida (el "doble efecto "). Cfr. Manual de Ética. Cuarta Edición. American College of Physicians. Annals of Internal Medicine. 1998;128: 576-594.
Sexualidad humana
Se entiende por s. en primer lugar el conjunto de características propias de cada sexo o, lo que es lo mismo, la condición sexual, propia de la especie humana y de todos los animales y plantas que se reproducen mediante la unión de células específicas y diversas una de otra: una masculina y otra femenina. Otras veces se entiende por s. -ahora ya en el campo de los vivientes superiores- un aspecto concreto, que es el impulso hacia el individuo del sexo opuesto. Impulso que en los animales reviste claramente las características instintivas, pero que en el hombre -teniendo en cuenta su racionalidad y el papel de la voluntad en la conducta- adquiere otras modalidades, de tal manera que se tiende a evitar la palabra instinto sexual para referirse a la s. humana. Se prefiere la palabra tendencia o impulso, pues el instinto incluye unas características de incoercibilidad y de espontaneidad de aprendizaje que no se dan netamente en el hombre. Una tercera posibilidad de entender la palabra s. -posibilidad bastante extendida- es la que identifica s. con genitalidad, es decir, con uno de sus elementos, concretamente con lo que de modo directo tiene que ver con la propagación de la especie. En otras palabras, se identifica la s. -que es todo un conjunto de características muy diversas- con los fenómenos y mecanismos propios de los órganos genitales y su fisiología. En ese mismo sentido restrictivo, pero en dirección opuesta, otros entienden por s. todo el constitutivo genético, anatómico, hormonal, fisiológico, psíquico, etc., del hombre o de la mujer, según los casos, hecha abstracción de lo que es específicamente genital. Naturalmente ambos modos de entender la s., ya sean fruto de un prejuicio o resultado de una elaboración racional voluntaria, son una distinción especulativa, porque en la realidad no pueden separarse por completo s. y genitalidad, pero esa distinción es útil, ya que permite el estudio de numerosos problemas relacionados con estos temas. Por último, en la perspectiva de ciertos autores (algunos moralistas sobre todo), la palabra s. es usada como sinónimo de sensualidad, y más concretamente como equivalente a placer venéreo o incluso a lujuria, pero ésta no nos parece una acepción adecuada y propia. La consideración aislada de la s., como sucede frecuentemente en la actualidad, en libros, enciclopedias, sexatlas, etc., tiene el evidente peligro de desvincularla del conjunto total de la persona y, por tanto, de exagerar su papel en la existencia humana. El hombre es ser sexuado, pero eso no significa que apenas sea otra cosa que sexo. Esta absolutización de lo parcial, en frase de R. Allers, fue el error que cometió Freud con su doctrina del psicoanálisis «El hombre creado a imagen y semejanza de Dios (Gen 1,26-27) no es solamente carne, ni el instinto sexual lo es en él todo; el hombre es también, y sobre todo, inteligencia, voluntad, libertad; gracias a estas facultades es y debe tenerse como superior al universo; ellas le hacen dominador de los propios apetitos físicos, psicológicos y afectivos» (Paulo VI, Enc. Sacerdotalis coelibatus, 53). La s. no es algo puramente biológico, exclusivamente natural; no hay ningún factor de la vida del hombre que pueda ser considerado exclusivamente natural o biológico, sino que cualquier manifestación de la vida revela lo que el hombre es: un ser complejo en el cual se unen la materia y el espíritu. En cualquier nivel de la naturaleza humana, en cualquier zona de la experiencia del hombre, en cualquier manifestación de la vida, la materia y el espíritu están presentes. El sexo ciertamente es algo biológico, aunque como todo lo humano trasciende lo biológico; en el hombre expresa un deseo de unión para realizar el afán de prolongarse más allá de su propia vida; la paternidad está así insertada en la s. humana. Nada tiene de extraño que el hombre haya experimentado siempre el sexo como algo sagrado, algo que le pone frente al misterio, el misterio de la vida y de su prolongación. Si el sexo no se entiende enmarcado en la espiritualidad se vuelve inhumano y lo inhumano es más bajo que lo puramente animal. El sexo aislado del mundo espiritual ve en el otro un «objeto sexual», no una «persona amada». La pura unión carnal desprovista del espíritu rebaja las personas a la condición de cosas que sólo tienen sentido en cuanto producen satisfacción o placer. Cfr. GER, 1991. Sexualidad: Biología.
Ser humano
Individuo de la especie humana. Ser vivo dotado de un conjunto de genes (genotipo) propio y específico de la especie humana. Ser viviente dotado de dignidad humana.
Potter
Potter introduce en 1970 el término bioética. Nacido el 27 de agosto de 1911, Van Rensselaer Potter dedicó sus trabajos a la investigación bioquímica y a sus aplicaciones en el campo de la oncología. Falleció a el 6 de septiembre de 2001, a los 90 años de edad.
Objeción de conciencia
Oposición práctica a una disposición legal o administrativa que se considera seriamente contraria a los propios valores. Debe formalizarse presentando un documento con valor legal que afirme y argumente adecuadamente este derecho. Las constituciones democráticas garantizan el derecho a ejercer objeción de conciencia. En España, el artículo 16 de la Constitución Española de 1978 realiza esta función.
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